Mindfulness (I) – Introducción al Mindfulness

Antes de comenzar con esta entrada me gustaría que reflexionáramos juntxs sobre algunas ideas que se me vienen a la mente…

Por ejemplo: ¿no te parece muy evidente que la gente vive de un modo tan automático como acromático?

De hecho, ¿no nos pasa muchas veces que nos damos cuenta de lo vacía de sentido y significado que parece estar nuestra vida?, ¿no deberíamos hacer algo al respecto y comenzar a disfrutar de vivir?

Date unos segundos para responder a estas preguntas y continúa leyendo cuando estés preparadx…

 

Y te vuelvo a preguntar: “¿Acaso no ha de estar irremediablemente relacionada la manera en la que nos sentimos con las gafas a través de las cuales vemos el mundo y filtramos la realidad?”. (Mañas 2009)

 

Probablemente hayas sacado tus propias conclusiones sobre esta última cuestión. Pero no está de más que lo aclaremos un poco más…

Básicamente, y yendo al grano, lo que viene a plantearse aquí es: que nuestra idea del mundo y de quienes lo habitan no es más que el resultado del procesamiento de nuestra mente, de nuestros pensamientos y emociones.

 

Habitamos un tiempo lleno de contratiempos y responsabilidades, de fechas y horarios que nos encadenan al reloj y a las preocupaciones.

En un mundo en el que la tecnología avanza a tal velocidad que parece escapársenos de las manos, y en el que no vemos más color que el gris del asfalto y de los edificios, es normal que la ansiedad y la depresión estén a la orden del día.

De hecho, lo extraño sería que no hubiera tantos casos como los que nos vamos encontrando.

 

Desde el punto de vista psicológico, la ansiedad y la depresión tienen su razón de existir. Se trata de estados mentales que actúan de alarma para que nos demos cuenta de que algo no funciona bien en nuestra vida, de que hay algo que nos incomoda.

Esta es la forma que tiene nuestro cuerpo y cerebro de decirnos que necesitamos un cambio.

Y con “cambio” no me refiero estrictamente a llevar a cabo transformaciones visibles en nuestras vidas no, a veces no es necesario cortarse el pelo, comprarse un coche, o cambiar de trabajo.

Lo que sí es imprescindible, en la mayoría de ocasiones, es un cambio en la forma que tenemos de tomarnos la vida, sus circunstancias y los eventos privados que nos evoca.

(Con eventos privados me refiero a todo lo que sucede en nuestras mentes: pensamientos, emociones, recuerdos, valoraciones, etc.).

 

Y es por esto que el mindfulness se nos presenta como una opción perfecta, porque ayuda a que cambiemos esas “gafas” que usamos para ver el mundo.

¿Qué cómo lo hace? Ahora te lo explico!

 

La tendencia general en Psicología y Psicoterapia suele dirigirse hacia una de sus principales corrientes: la corriente cognitivo-conductual.

 Que, si no te suena de nada, te ofrezco una breve y concisa explicación al respecto:

La terapia de conducta surgió, allá por los 50, como alternativa al psicoanálisis. De hecho, llegó “dando fuerte” y terminó por eclipsar completamente al movimiento anterior. Se basa en la idea de que los problemas psicológicos son aprendidos y están condicionados (es decir; por asociación entre estímulos, o por la aparición de un castigo o refuerzo tras la conducta). A esta perspectiva se unió la psicología cognitiva, que se centra en el estudio del procesamiento de la realidad: percepción, atención, memoria, lenguaje, etc. De este modo, dos importantes corrientes se unieron y se fortalecieron mutuamente hasta tal punto que, aún hoy, sigue siendo la corriente psicoterapéutica más recomendada y fundamentada.

Y esta perspectiva psicológica es genial, de verdad!

Sólo que en muchas ocasiones no es suficiente, o puede llegar a ser contraproducente.

 

Las terapias que se utilizan desde este punto de vista psicológico, acostumbran a tener como objetivo principal la eliminación, sustitución o cambio de ciertas conductas o sistemas de procesamiento.

El problema es que existen diversas investigaciones que han demostrado la ineficacia de estas metas. De hecho, parece que el intento de erradicar o luchar contra ciertas conductas o pensamientos lleva, en ocasiones, al aumento de la frecuencia, intensidad y duración de los mismos. (Mañas, 2009)

En cierto modo es algo bastante lógico ¿no?; si tú intentas evitar o luchar contra ciertas emociones o pensamientos, lo que estás haciendo en realidad (de forma inconsciente) es darles más protagonismo!

 

Entonces, ¿qué es Mindfulness?

El mindfulness, sin embargo, no persigue estos objetivos, tampoco pretende que se abandonen los eventos privados negativos. Más bien te ayuda a desarrollar nuevos pensamientos y repertorios de conducta (más flexibles y útiles). Se trata de aprender a estar y ser, de una manera auténtica, profunda, intensa y llena de vida. (Mañas, 2009).

 

Pero, para comprender exactamente qué es esta nueva técnica que parece estar cada vez más a la orden del día, primero debemos entender cuál es la tendencia natural de nuestra mente y de nuestros pensamientos.

Una vez respondida esta incógnita, se trata de cambiar nuestra forma de vivir las experiencias, viviéndolas desde un modo más adaptativo y digno; un modo más parecido a una vida plena.

 

Pero lo primero es lo primero, y hay que llamar a la cosas por su nombre. Por ello, el estado normal y desadaptativo de la mente,  la podríamos llamar “piloto automático”.

Este concepto no explica otra cosa que la tendencia natural de nuestra mente de desconectar del mundo, abstraerse y perderse en los submundos de la psique.

Y, en ese preciso momento iniciamos el “piloto automático”: y nos pasamos el día entero dependiendo de nuestras emociones y pensamientos; perdiéndonos entre el pasado, que no se puede cambiar; y el futuro, que no cosa más incierta.

¡Qué desperdicio de energía mental y, peor aún, en cosas tan inútiles!, ¿verdad?

Verdad!

 

Por eso, Eckhart Tolle en su libro “Un mundo nuevo, ahora”, comenta que a pesar de las múltiples diferencias que existen entre las distintas religiones y tradiciones espirituales, todas reconocen que el estado mental ordinario o “normal” de la mente es lo que podríamos llamar “disfunción”.

En el hinduismo hablan de “maya”: el velo del engaño; en el budismodukkha”: sufrimiento, insatisfacción, desdicha; en el cristianismopecado”: que, según su raíz lingüística, significa vivir torpemente, ciegamente, sufrir y causar sufrimiento.

 

Esto pues, viene a decirnos que somos esclavos de nuestra mente, pues esta va por libre, como si funcionara de un modo automático y nosotrxs con ella.

 “La mayoría de la gente está tan identificada con la voz de su cabeza –el torrente innecesario de pensamiento involuntario y compulsivo y las emociones que lo acompañan- que podríamos describirla como poseída por su mente”. (Tolle)

Para él el problema no se encuentra tanto en utilizar erróneamente la mente sino, más bien en que es la mente la que nos utiliza a nosotros, y ahí es donde se halla la complicación.

 

Otros puntos de vista interesantes, como es el de los sufíes, consideran que la mente es el peor enemigo de uno mismo y, por ello, debemos tener cuidado y ser cautelosos con ella. Según su opinión, aquellos que se dejan llevar por la mente sólo buscan el reconocimiento, son hipócritas, arrogantes, engreídos, avaros, mezquinos, codiciosos, falsos, etc. Para ellos esto es la fuente de todos los males que nos afligen. (Mañas, 2009)

 

Sogial Rimpoché en su texto “El libro tibetano de la vida y de la muerte”, utiliza diferentes metáforas o comparaciones para explicarnos así cuál es el estado ordinario de la mente. Por ejemplo:

  1. Nos explica que la mente se puede comparar con el cielo y las nubes: La mente es el cielo, mientras que las nubes son los pensamientos y emociones que vienen y luego se van. Es importante entender que el cielo no son las nubes, sino que el primero contiene a las segundas, y hacer hincapié en su transitoriedad.
  2. La mente ordinaria es como un mono saltarín e inquieto que no deja de moverse de aquí para allá y es difícil de controlar.

 

Ortega y Gasset (2001, pp.24-25) en “El hombre y la gente” en relación a todo esto, nos transmite unas palabras llenas de significado:

“Casi todo el mundo está alterado, y en la alteración el hombre pierde su atributo más esencial: la posibilidad de meditar, de recogerse dentro de sí mismo para ponerse consigo mismo de acuerdo y precisarse que es lo que cree, lo que de verdad estima y lo que de verdad detesta. La alteración le obnubila, le ciega, le obliga a actuar mecánicamente en un frenético sonambulismo”.

 

A estas alturas, debemos hacer hincapié en la importantísima diferencia que existe entre mente y los pensamientos o las emociones.

Estos últimos parecen estar siempre presentes, incluso cuando dormimos; la mente parece incontrolable; suele divagar entre el pasado y el futuro, pero casi nunca está en el presente; ambos se mueven en el terreno de lo conocido, de la memoria; son temerosos, se dedican a prevenir posibles males; fantasean; son hedonistas (se acerca a lo que le ofrece seguridad y aleja lo aversivo o lo que le da miedo); se relaciona con las emociones y con el cuerpo de manera bidireccional; los contenidos de los pensamientos o de la mente influyen en la personalidad; suele actuar según hábitos (la queja, la agresividad, la impaciencia, búsqueda de reconocimiento, etc.); no son holísticos, sino más bien fragmentarios y divisorios; pueden ser repetitivos, obsesivos, valorativos, rumiativos, condenatorios, neuróticos, etc. con lo que generan gran sufrimiento.” (Mañas, 2009)

 

En resumen, podemos extraer que la idea general que comparten la mayoría de religiones y tradiciones espirituales humanas, culturas y autores es que: la responsable del sufrimiento humano no es otra que nuestra propia mente.

¿Y qué podemos hacer para solucionarlo? Quizá la respuesta sea tan sencilla que te sorprenda!

 

Pues bien, si el problema nace de pasarnos el día perdidxs en nuestra mente; distraídxs del mundo real pensando en responsabilidades, remordimientos, valoraciones, preocupaciones, etc.,

¿no es lógico pensar que la única solución a dicho problema es la ruptura de la “mente automática” y la consecuente conexión con el momento presente?

-“¿Y ya está?,¿sólo tengo que conectar más con el momento presente?” –Si! Tan fácil como eso!

¿o no es tan fácil?

 

Bueno quizá he ahí el kit de la cuestión; que no es tan fácil como tomarse una pastillita y encontrarnos como nuevos al día siguiente. Quizá se requiere práctica y constancia, pero lo que está comprobado es que funciona!

 

Así que ¿por qué no emprender este camino juntxs? Yo conozco la teoría, y no es muy difícil ponerla en práctica, sólo se requiere voluntad y ganas. ¡Aunque, no te apures, tenemos toda la vida para conseguirlo!


En las próximas entradas te enseñaré muchos trucos para comenzar a disfrutar de cada segundo que pasa. Porque la vida no es otra cosa que eso, una sucesión de momentos que se nos escapan entre los dedos!

Espero que te haya parecido interesante esta introducción. Mindfulness va a dar mucho que hablar, así que estate atentx a las novedades!

 

 

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