VIVIR con mayúsculas – ¿Dinero o felicidad?

Cómo perseguimos nuestros sueños

Vivimos en un mundo en el que el capital, el trabajo, y las responsabilidades, son grandes factores que controlan nuestra vida. Buscamos la felicidad, pero lo hacemos por medio de vías que nos llevan justo a lo contrario. Tenemos que aprender a VIVIR con mayúsculas.

Todo el mundo quiere tener una casa preciosa, a ser posible con jardín, en un buen barrio, y un buen coche, una tele grande, sin preocupaciones económicas. Para ello, dedicamos gran parte de nuestra vida trabajando. Pero, cuanto más trabajamos, aunque tengamos más dinero para comprar esas cosas que queremos, tenemos menos tiempo para disfrutarlas. Y la ansiedad aumenta con las responsabilidades.

Entonces, la persescución de nuestros “sueños” se vuelve agotadora e imposible de realizar.

El ser humano es un ser paradójico

La Psicología viene estudiando la psique desde hace muchos años ya. Pero lo único que tenemos claro es que, muchas veces, nos comportamos de un modo bastante incongruente.

No hace falta que te lo diga dos veces, ¿verdad?, seguro que tú también sabes de lo que hablo.

Podemos pensar en mil situaciones de la vida diaria que apoyen esta idea, como por ejemplo: que nuestra expareja se comporte como el perro del hortelano aunque no quiera volver a retomar la relación; cuando lo hacemos nosotros; cuando tenemos prisa por crecer pero luego queremos volver a ser niños; cuando nos llama más la atención alguien que no nos hace ni caso, y sin embargo pasamos de aquella persona que lo daría todo por nosotrsos; si no tenemos trabajo, sufrimos por aburrimiento e inseguridad económica; si tenemos trabajo, sufrimos por la ausencia de tiempo; etc.

Sí, sí, es que somos así… cada uno de “su padre y de su madre”, pero nos comportemos todos de un modo un poco estúpido (sin ánimo de ofender, pero casi siempre es cierto).

Parece que, por un lado, nuestro cerebro, nuestra alma, tiene una única meta: ser feliz, tener una vida plena. Nos hace creer que las decisiones que hemos tomado en la vida han sido correctas, que lo hemos hecho lo mejor que hemos podido, y que ser como somos está muy bien.

Pero por otro lado, parece que nuestro instinto nos impulsa a querer otras cosas, nos empuja a estar disconformes, a querer cambiar lo que tenemos o lo que somos.

Vivir así es complicado

Es una paradoja, porque cuando alguien se mete con nosotros, con nuestra familia, nuestros amigos, nuestro país, etc., saltamos a la defensiva! Porque nos parece que, todo eso que es nuestro, es mejor que todo aquello que no lo es.

Aunque, justo a la vez, en nuestro fuero interno, debatimos eternamente: “¿por qué mis padres no son tan buenos como lo parecen los de otras personas?”, “¿por qué mis hijos no son tan obedientes como los de otros?”, “¿por qué mi país carece de aquello que me encanta de otras partes del mundo?”, “¿por qué no me siento agusto con mi forma de ser o de actuar, mientras otros sí parecen estarlo?”…

Y es que parece como si tuviéramos la necesidad de quedar bien delante de otros aunque sabemos que, cuando nos encontramos solos ante el espejo, no podemos mentirnos. Y es ahí donde vemos aquello de lo que carecemos, aquello que desearíamos llegar a ser o tener.

Por qué actuamos así

La naturaleza humana se podría describir como un continuo entre “conformismo y cambio potencial”. La Psicología estudia este fenómeno desde hace mucho tiempo porque, al contrario de lo que te proponía al principio, en realidad es bastante lógico que seamos así.

Ambos polos buscan que la persona se sienta feliz, que aumente su bienestar y alcance una vida plena. Por un lado, el “conformismo”, ayuda a que nos auto-convenzamos de lo maravillosas que son nuestras vidas y nos sintamos felices. Mientras que el “cambio potencial” o inconformismo, nos empuja a “mover el culo” para cambiar todo aquello que no nos hace feliz (con perdón de la expresión).

Parece que todo humano posee esta característica grabada en su interior.  Y aunque la mayoría se suele apostar a un lado u otro del continuum, sólo aquellos que son capaces de vérselas consigo mismos, sin tapujos y sin mentiras, pueden cambiar aquello que de verdad desean cambiar. En lugar de seguir conformándose con lo que les es dado, sólo porque sea más cómodo y sencillo no hacer nada al respecto.

El camino hacia la autorrealización

Pensemos un poco más detenidamente por qué ambas características llevan a la felicidad: En el primer, “conformismo”, que viene a ser otra palabra para designar “engañar a uno mismo para no sentirse mal con aquello que tenemos”. Y no es malo! es sólo una estrategia para no seguir viviendo miserablemente.

Aunque puede que algunos veamos mejor la otra opción, de hecho es probablemente más recomendable a largo plazo. Me refiero al “cambio potencial”, llamemos así a la “habilidad de todo ser humano para autoanalizarse (a sí mismo, su vida, sus relaciones, sus posesiones, etc.); valorar (positiva o negativamente) con sinceridad el resultado de este análisis; y desarrollar herramientas de cambio para encontrarse a gusto con los resultados”. Evidentemente, esto es el camino hacia la autorrealización personal.

Parece que la segunda opción conlleva un mayor esfuerzo personal y, es bien sabido, que el humano medio es bastante vaguete.

Es difícil sentirse realizado en el mundo actual

Y sí, tienes razón, resulta que es muy fácil ser vago tras ocho horas de trabajo agotador, repetitivo y, muchas veces aburrido. Tras lo cual, llegamos a casa, y lo único que nos apetece es tirarnos en el sofá y dejar que la caja tonta nos derrita el cerebro. Corrijo, que nos lo derrita aún más que esas ocho horas de trabajo diarias, agotadoras, repetitivas y, muchas veces aburridas.

Claro está que cuando llegan esos benditos días de vacaciones sólo queremos descansar y no hacer nada que merezca un gran esfuerzo para nuestro cerebro derretido. Porque parece que si hacemos un intento más por ponerlo en funcionamiento, será la última vez que lo hagamos. Nuestra mente vive al límite todos los días, es lógico que no queramos utilizarla para nada más de lo necesario.

Y es por esto por lo que, tantas personas, sufren crisis de identidad y realización. Porque no tenemos tiempo ni ganas para dedicarnos más a nosotros mismos.

Por qué no alcanzamos el bienestar

También es esperable, por esa regla de tres, que prefiramos conformarnos, en vez de luchar por lo que queremos. Pero hay algunos que no soportan la hipocresía.  Aún hay personas que no permiten que los esclavicen ni los controlen, personas que se salen de la norma porque la norma les da igual. Porque sólo VIVEN, y ellos lo saben, para que su VIDA merezca la pena ser vivida. No viven con la intención de que otros se aprovechen de sus energías, ni permiten que les dejen seco el cerebro a cambio de casi nada. ¿O quizá sí? A cambio de dinero!

Dinero.

Que palabra tan importante…

Capaz de controlar a miles de millones; capaz de matar de hambre a otros tantos millones; capaz de comprar vidas, lealtades, guerras, naciones e ideales… Al fin y al cabo, capaz de mover el mundo.

Y sin embargo no es nada ¿De qué le sirve a nuestra alma el dinero si lo único que busca es la felicidad? Lo que, da la casualidad, es una de las pocas cosas que no se pueden comprar.

Comenzar a VIVIR con mayúsculas

Seguramente, si estás aquí y has seguido leyendo después de llamarte estúpido y vago, es porque estás de acuerdo conmigo o, al menos, me entiendes. Entonces, no hará falta que te intente convencer de que el dinero es el cáncer de nuestro mundo, y todos estamos enfermos.

Quizá habría que extirparlo de nuestras vidas para poder ser libres (al menos en la medida de lo posible). Al fin y al cabo el dinero es como una droga, y eso sólo puede producir dependecia. Pero si pudiéramos dejar de preocuparnos tanto por aquello que es sólo material, estaríamos más cerca de la libertad.

Y quizá siendo libres tendríamos fuerzas y ganas de reconstruirnos, de modelar nuestras vidas a placer, de dejar de conformarnos con un techo bajo el que subsistir, un frigorífico que llenar y unas facturas que pagar. Para empezar a preocuparnos simplemente por una VIDA PLENA. Pues todos sabemos que VIVIR con mayúsculas es muy distinto a existir, que es lo que solemos hacer todos los días de nuestras vidas.

¿Qué es la VIDA con mayúsculas?

Esa pregunta lleva intentando ser contestada desde el principio de los tiempos, y pocos han sabido qué responder. Bueno, está claro que para VIVIR hay que existir, pero eso es solo una nimia parte del concepto que nos ocupa.

Desde mi punto de vista, a partir de mis conocimientos en Psicología, y desde mi experiencia personal, podría decir que: para tener una VIDA PLENA hay que existir, pero con dignidad, con orgullo, con ganas de seguir existiendo, con libertad para poder decidir cómo seguir haciéndolo, con la posibilidad de conocer y autorrealizarse, con la opción de ir allá donde nos lleven los pies, con la capacidad de ser como queramos ser, de amar a quien queramos amar, de creer lo que queramos creer y de pensar en lo que queramos pensar.

VIVIR consiste no sólo en llenar el estómago, sino en satisfacer además el alma (aquello que los psicólogos llamamos “mente”) y al corazón. Porque solo así dejaremos de tener tanta hambre!

Solo así podremos conformarnos, pero porque de verdad queramos y sin tener que volver a engañarnos.

Y con todo esto, aparte de querer despertar un poco ese cerebro que te están derritiendo y apelar a tu conciencia crítica, lo único que quería llegar a decirte es que, si quieres alcanzar la felicidad, el dinero no es la respuesta. Puede ser incluso parte del problema.

En resumen…

Quizá sea más fácil alcanzar una vida plena si comienzas a disfrutar de tus días, saborear cada experiencia, amar con locura, vivir como mereces; hacerlo todo como si no hubiera un mañana y el momento PRESENTE fuera el mejor regalo que jamás te hayan hecho (aunque sepas que sí hay un mañana y no te permitas despegarte tanto de la realidad, claro! ¿Pero lo pillas no?).

Que para alcanzar la felicidad, el camino más corto y más recomendable es que dejes de conformarte, que te dediques más tiempo a tí mismo y comiences a disfrutar de cada segundo que pasa como si nunca se fuera a repetir (algo que, de hecho, es así).

Aprender a valorar el momento presente es un facto básico para nuestra salud emocional. Mindfulness es una muy buena técnica para conectar con el presente, si quieres saber más sobre ello, pincha aquí.

Porque la vida no es más que eso: una sucesión de segundos que se nos escapa entre los dedos. ¿Vas a seguir perdiendo el tiempo?

 


Imagen de la entrada: Diseñado por Freepik

 

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