Principales corrientes psicológicas en Psicoterapia

Existen diversas perspectivas psicoterapéuticas o corrientes psicológicas. Éstas varían según la teoría que las sustente. Con teoría, nos referimos al paradigma que explica al ser humano desde cada corriente. Algunas tienen un punto de vista más humanista, otras más centradas en el inconsciente o en el procesamiento de la información. Mientras otras, se centran en los valores o en el presente.

Además se deben tener en cuenta otros factores característicos: como el rol del terapeuta (pasivo o directivo), el rol del paciente o las herramientas utilizadas, el número de individuos incluidos en las sesiones, etc. Todo esto explica la diversidad de dichas corrientes psicoterapéuticas.

Entre las principales corrientes psicológicas, podemos encontrarnos con:

  1. Psicoanálisis – Sigmund Freud
  2. Psicología analítica – Carl Jung
  3. Psicología Humanista – Carl Rogers
  4. Psicoterapia Gestalt – Perls
  5. Análisis Transaccional – Berne
  6. Psicodrama – Moreno
  7. Psicoterapia Bioenergética – Lowen
  8. Sistémica – Diferentes escuelas
  9. Terapias de Tercera Generación – ACT, Mindfulness, Psicología Positiva, TDC, etc.

Seguro que te suena haber oído hablar de muchas de estas perspectivas psicológicas. El orden de las corrientes se ha estipulado, más o menos, cronológicamente.

Estas corrientes psicológicas son muy diferentes entre sí, aunque unas más que otras. Pero todas tienen un componente común: alcanzar el conocimiento de “quién soy yo“. Una pregunta que nos pasamos toda la vida intentando resolver.

La Psicoterapia no es más que otro “manual de vida”. Es un cursillo intensivo de lo que a veces se tarda una vida en conseguir, y otras ni si quiera se consigue.

Y qué corriente elegir..

Cada corriente tiene unas aplicaciones recomendadas. Así por ejemplo, se recomiendan las técnicas más analíticas para tratar traumas y problemas asociados a la personalidad. O se recomiendan técnicas cognitivo-conductuales para problemas como las fobias u otros tipos de ansiedad.

También es importante tener en cunta las preferencias del cliente y la formación del terapeuta. Es posible que una técnica cognitiva funcione mejor en determinado TOC, pero a lo mejor un terapeuta experto en ACT, consigue mejores resultados. Esto es un punto clave, porque muchos estudios indican que, más importante que la corriente psicoterapéutica es la alianza terapéutica.

Profundizaremos mucho más en cada una de estas corrientes en futuras publicaciones. Si te interesa alguna en particula, dínoslo en los comentarios.

Qué es la Psicoterapia

Puede que a lo largo de tu vida hayas escuchado hablar incontables veces de la terapia psicológica o, lo que es lo mismo, psicoterapia. Pero, ¿qué es esto de la psicoterapia?, ¿para quién está recomendado? ¿qué son las corrientes psicológicas? Es posible que te preguntes: “¿puedo beneficiarme yo de estas herramientas?, ¿es necesario que sufra alguna enfermedad mental o trastorno grave para utilizarla?”. Pues bien, intentaremos resolver estas y otras cuestiones sobre la psicoterapia, a lo largo de esta entrada. ¿Te apuntas?

Qué es la Psicoterapia

La psicoterapia es un conjunto de teoría, técnica y práctica1. Que tiene como objetivo el manejo de pensamientos, sentimientos y conductas que, por alguna razón, se encuentran desadaptados y provocan cierto malestar.

Se produce entre un profesional de la materia y un cliente que busca ayuda para muy diversas afecciones. Estos problemillas no tienen por qué ser trastornos clínicos. De hecho, la gran mayoría de personas que acuden a terapia sólo buscan consejo y orientación y no tanto la curación de problemas psicológicos graves. Lo más normal es que las personas se presenten buscando respuesta a su ansiedad, depresión o problemas cotidianos (Ej. complicaciones en el mundo personal, en las relaciones con los demás, en el trabajo, etc.).

Entre los objetivos generales del tratamiento psicoterapéutico podríamos destacar:

  • La alianza terapéutica construida entre cliente y terapeuta es muy importante para alcanzar los objetivos.
  • Que busca cambios congruentes con tus objetivos, los objetivos del cliente.
  • Proporciona orden al caos que muchas veces habita nuestra cabeza: busca comprender nuestras ideas y acciones.
  • Si acudes a psicoterapia, esta te capacitará para afrontar y superar los miedos que antes evitabas.
  • Proporciona nuevos métodos para pensar, sentir y actuar de una forma más ajustada y beneficiosa.
  • Y, finalmente, disminuye o elimina esa sensación de malestar de la que todos hemos sido presos en algún momento de nuestras vidas2. Lo que probablemente se traduce en un mayor bienestar y, por lo tanto, en mayor sensación de felicidad.

En conclusión…

  • No es necesario sufrir una enfermedad mental para formar parte de este proceso.
  • La psicoterapia sólo busca, de acuerdo a tu modo de vida, mejorar tu situación y que puedas sentirte así más feliz.
  • Todo el mundo puede beneficiarse de ella. Y, por ello, personalmente, se la recomiendo a todos.

Podemos tomar la definición de Wolberg (1977) para explicar qué es la psicoterapia: “Es el tratamiento psicológico de problemas emocionales, en el que una persona entrenada establece una relación profesional con el paciente; para suprimir, modificar o paliar los síntomas existentes; intervenir en pautas distorsionadas de conducta y promover el crecimiento y desarrollo positivos de la personalidad.” Para comprender más acerca de la psicoterapia, debemos entender qué son las perspectivas o corrientes psicológicas. Esta publicación estará disponible esta semana.


  1. Tizón, J. (1992). Una propuesta de conceptualización de las técnicas de psicoterapia. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq., Vol. 12 (43).
  2. INEFOC (2017). Introducción a la Psicoterapia. Apuntes del Máster en Psicoterapia del Instituto Europeo de Formación y Consejería.

El miedo en tiempo de crisis: Inteligencia Emocional

Nos encontramos ante una situación social complicada y totalmente distinta a lo que, hasta ahora, estábamos acostumbrados a ver. La crisis provocada por la aparición del nuevo coronavirus COVID 19 nos ha pillado por sorpresa, y es muy normal que nos sintamos sobrepasados por las circunstancias. Sentir angustia o miedo en tiempo de crisis es completamente normal.

Pero, calma… En el momento en que nuestros sentimientos dejan de servir para mejorar nuestras circunstancias, están perdiendo su función. En cuyo caso, habría que reconducirlos de forma más realista y beneficiosa.

Los sentimientos y emociones tienen una función adaptativa. Esto quiere decir que todo lo que sentimos sucede con la idea de que podamos adaptarnos mejor a las circunstancias. Por ejemplo: Cuando un niño necesita cuidados, llora. La tristeza en su rostro, además de permitir que pueda expresar su necesidad, es percibida por el resto de seres humanos como una llamada a la acción, gracias a la cual el niño recibe lo que necesitaba.

Las emociones son maravillosas porque, no solo liberan el inconsciente y con ello muchas tensiones acumuladas, sino que además provocan en los demás una respuesta encaminada en la dirección de la emoción expresada.

Así, por ejemplo, cuando reímos, segregamos una serie de hormonas que nos hacen sentir bien, a la vez que contagiamos a los demás con nuestra alegría. Esto sucede porque a nuestra mente le gusta lo que haya causado la risa, y muestra una respuesta positiva, para que el individuo se dé cuenta: “¡Eh! Esto está muy bien, ¡repítelo!.”

Sin embargo, cuando las circunstancias son interpretadas como amenazantes, el cerebro clama a gritos: “¡Huye! ¡Sal de aquí! ¿no ves cómo sufres?”. Y por eso la respuesta de nuestra mente es, por ejemplo, el llanto. Llorar, como comentábamos, consigue liberar muchas tensiones negativas de nuestra mente y, a veces, provoca incluso que otro ser humano nos ayude.

Tan importante es la risa como el llanto. Si no reprimimos la risa, ¿por qué evitamos el llanto? De la misma forma, el miedo, la alegría, el amor, el enfado… Todas estas emociones tienen su función, y es imprescindible que permitamos que fluyan.

Ahora bien, llega un punto en el que las emociones desbordan el vaso y se vuelven problemáticas. Puede suceder en el plano de los sentimientos positivos (la fase maníaca del Trastorno bipolar es un buen ejemplo de ello), pero es más típico que se desborden los sentimientos negativos. Esto también tiene su función y es que, permanecer en una situación amenazante, es más peligroso para nuestra supervivencia que encontrarnos en un estado de positividad irreal. Por eso tendemos a magnificar lo negativo.

¡Atención! ¡Sí, magnificamos lo negativo!. Esto significa que, en la mayoría de las ocasiones, nuestras emociones negativas tampoco están ajustadas a la realidad.

Y llegados a este punto, descubrimos una de las claves de la psicología que es que: ¡No es tan importante la situación en la que vivimos, sino la interpretación que hacemos de esta!

Esto me recuerda a una historia que quizá conozcas:

El 30 de octubre de 1938 una retransmisión radiofónica sembró el pánico entre miles de personas que abandonaron sus casas, colapsaron carreteras, estaciones de ferrocarril y comisarías de policía, convencidas de que Estados Unidos estaba siendo invadida por un ejército alienígena. Los teléfonos de emergencia no dejaron de sonar durante varias horas, recibiendo multitud de mensajes de personas que decían haber visto a los extraterrestres. La realidad no era más que una retrasmisión radiofónica de una escena de la novela «La guerra de los mundos», del escritor británico H.G. Wells, interpretada por el actor Orson Wells1

miedo en tiempo de crisis
Orson Wells generando el pánico ante una crisis inexistente.

Seguramente habrás oído hablar de esta historia en alguna ocasión, y sabrás lo que desencadenó esto, que en un principio parecía algo inocuo: Miedo! Pánico! Angustia! Terror!

Estas sensaciones las hemos tenido todos alguna vez, unas veces con más fundamento que otras. Pero lo remarcable de todo esto es, lo que veníamos comentando, que no es la amenaza lo que provocó estos sentimientos sino la interpretación errónea de la realidad. ¡La amenaza de esta historia era completamente inexistente!

Seguramente hay personas que han tenido o están teniendo estos mismos sentimientos  ante la crisis social provocada por el coronavirus. Igual que sucedió en 1938, una importante amenaza ha llegado a nuestras vidas, de forma invisible pero palpable, la gente ha ido a comprar dejando las tiendas vacías, el miedo se ha apoderado de la población y hemos tenido que tomar medidas que nunca habríamos llegado a imaginar.

Pero es interesante pensar que, si las reacciones son las mismas ante una amenaza inexistente, y una amenaza real, entonces no todo depende de las circunstancias.

Por lo tanto, si no son las circunstancias las que evocan nuestras respuestas emocionales, es producto únicamente de nuestra interpretación de los hechos. Esto puede convertirse en un problema para nuestra salud emocional y física. De hecho, ¿alguna vez te has parado a pensar lo que el miedo provoca en nuestro cuerpo?

Algunos de los errores de interpretación más estudiados, son las creencias irracionales o distorsiones cognitivas. Para magnificar lo negativo a fin de alertarnos de las amenazas, nuestro cerebro hace uso de creencias irracionales para manipularnos de forma que preservemos nuestra vida.

Estas respuestas mentales tenían mucho sentido en épocas pasadas. Si viviéramos en un mundo con amenazas reales continuas, nuestras reacciones emocionales podrían ser más ajustadas a la realidad. Por ejemplo: Si nos encontráramos ante una bestia enorme, nuestro cerebro segregaría una serie de hormonas como el cortisol y la adrenalina, que provocarían que nuestro cuerpo respondiese de forma rápida y hábil ante las circunstancias.

¿Cuál es el problema? El problema es que actualmente, pocas veces nos vamos a encontrar ante una bestia enorme, ni vamos a salir corriendo, o luchar si las circunstancias lo requieren. Actualmente, las amenazas que sentimos no atacan directamente a nuestra supervivencia, y por eso nuestras reacciones emocionales pierden a veces su sentido.

Por ejemplo, este mecanismo de lucha o huida (Fight or Fly) ante las amenazas, es la principal causa del estrés mantenido, e incluso de algunos cánceres que aparecen en consecuencia. Ante la amenaza de un jefe enfadado, unas facturas sin pagar, y unos hijos incansables, nuestro cerebro segrega las mismas hormonas que ante la bestia enorme. Pero la bestia enorme se daría en una situación puntual, cuando desapareciese,  el cerebro dejaría de segregar cortisol y adrenalina. Lo que no sucede con las amenazas de la vida moderna, y esto provoca efectos físicos y emocionales prolongados.

La acumulación de estas hormonas, la magnificación de las emociones e interpretaciones negativas, y una pizca de incertidumbre, es un cóctel molotov.

Por eso, ahora más que nunca, en medio de esta crisis que nos ameenaza, es importante que aprendamos a relativizar los contenidos de nuestra mente, flexibilizar nuestras reacciones es la clave más importante para alcanzar el bienestar emocional.

Pero, ¿cómo podemos romper este ciclo maquiavélico?

Por un lado es sencillo, al menos sabemos que debemos actuar sobre nosotros mismos, y no sobre las circunstancias (que a veces son imposibles de cambiar). Pero, por otro lado, es una tarea complicada porque no tenemos la objetividad suficiente como para relativizar nuestras emociones.

Pero, aunque de momento no tenemos esta capacidad de flexibilizar la mente, todo se puede mejorar, siempre con un poco de trabajo, claro. Algunos de los pasos que podemos seguir para alcanzar una mayor flexibilidad cognitiva, son:

  1. Ser conscientes de que no debemos fiarnos de nuestra mente al 100% es el primer paso para ser más realistas. Nuestra mente interpreta la realidad en función de un sinfín de factores muy relativos: cuestiones de aprendizaje, biológicas, o de las propias circunstancias; y todas pueden provocar sesgos en la interpretación. Si queremos ofrecer respuestas emocionales acordes a la realidad, y no a nuestras interpretaciones, hay que confiar menos en lo que pensamos, y cómo pensamos.
  2. Preguntarnos: ¿Realmente sé que esto es así?, ¿reamente sé lo que va a pasar mañana, o dentro de un mes, es que tengo habilidades adivinas? ¿realmente sé lo que esa persona piensa de mí? ¿realmente puedo generalizar, a partir de un comentario, tantas cosas como me estoy imaginando? ¿mi interpretación puede ser totalmente acertada con 0% de error?

Es un buen método para generar una brecha en el procesamiento de la realidad. Normalmente, aceptamos las interpretaciones sin filtrar. Introducir dudas sobre la interpretación permite que la reacción emocional sea menos intensa, porque la información llega indirectamente, quizá incluso tamizada.

El problema es que es difícil ser objetivo en la resolución de estas preguntas.

  1. Para conseguir cierta objetividad, hay una muy fácil y muy buena forma de tomar distancia con nuestros contenidos mentales. Es algo tan nimio que quizá nunca te hayas parado a pensarlo:
    1. No es lo mismo decir, sentir o pensar: “Esto está fatal”, “vivir así no merece la pena”, “estoy mal y seguiré estándolo”…
    2. A decir, sentir o pensar: “en este momento, pienso que esto está fatal”, “en este momento, pienso que vivir así no merece la pena”, “en este momento, siento que estoy mal y pienso que seguiré estándolo”…

No sé si te das cuenta, es un cambio muy sutil pero inmenso para nuestra salud mental. Se trata, primero, de decir que “en este momento” (se sobreentiende que es transitorio) sucede algo y, segundo, incluir “pienso que…”. Estas últimas palabras hacen que la interpretación deje de ser percibida como la absoluta realidad, para comenzar a ser percibida como lo que es: un pensamiento, una emoción, o cualquier otro contenido mental.

No es lo mismo decir “me quiero morir” a decir “en este momento, estoy pensando que quiero morir”. Porque no somos lo que pensamos, solo contenemos esos pensamientos.

  1. Conectar con el momento presente: Este momento, tan fugaz, es lo único que ciertamente es real, es lo único que podemos manejar de verdad. Cargar nuestra mente con ideas del pasado o del futuro, solo va a generarnosuna carga emocional que es imposible de manejar. Porque, aunque nos encantaría, ¡no viajamos en el tiempo!

Manejar el presente es manejar la vida a “fotogramas”, lo que es inmensamente más fácil que intentar manejar una filmoteca completa, a la que ni siquiera tenemos acceso. Manejar la ansiedad o el miedo en tiempo de crisis, es más sencillo si nos centramos solo en el momento en el que estamos ahora.

 

En futuras publicaciones se profundizará más en algunos aspectos aquí presentados. Si te ha gustado esta entrada, o tienes alguna duda o sugerencia, comenta o mándanos un mensaje privado.

Gracias por estar presente.

La alianza terapéutica

La alianza terapéutica es la relación que se construye entre la persona que acude a consulta y su psicoterapeuta.

Se trata de una relación que debe ser lo suficiente fuerte y fértil, como para permitir que el individuo se desarrolle libre y confiadamente. Podríamos decir que la alianza terapéutica es el sustrato en el que crece la identidad del individuo, con la intención de dar buen fruto.

Para construir esta alianza de la mejor forma posible, se suelen requerir 

Ciertas condiciones:

  • Que el individuo se sienta totalmente aceptado tal y como es. Es imprescindible sentirse validado desde el inicio de la relación terapéutica. Esto permite que la persona tenga menos reparo en abrirse al terapeuta. Evidentemente, cuanto más pueda “abrirse”, más fácil y breve será el proceso terapéutico. Por eso no es recomendable que la persona se sienta juzgada o desaprobada, este sentimiento no beneficia el proceso. Por el contrario, si la persona se siente aceptada y sustentada, entonces alcanzará la suficiente confianza como para crecer y llegar a ser su mejor versión, sintiéndose apoyada por su terapeuta.

 

  • Debe haber una cierta afinidad entre el cliente y su terapeuta. Hay relaciones psicoterapéuticas que pueden durar años. Es imposible que, ciertas características del cliente y del profesional no se mezclen. Si, por ejemplo, hay mucha diferencia de ideales entre el usuario y su psicólogo, su relación va a verse mermada. Por un lado, el terapeuta no va a ser capaz de comprender el mundo del usuario. Por otro lado, el cliente no va a verse reflejado en las respuestas que esperaría. Al fin y al cabo, una relación con un psicoterapeuta es como el matrimonio, te van a ver “desnudo”, así que mejor sentirse a gusto con esa persona.

 

  • Que el cliente se sienta comprendido y escuchado. Cuando les contamos nuestros problemas a nuestros amigos, solemos encontrarnos con que las respuestas que nos dan están más encaminadas en dar su opinión, que en comprender lo que sentimos. Hay amigos que tienen un don natural para escuchar, pero muchos otros no. El profesional de la psicoterapia, sin embargo, tiene que poner todo su empeño en escuchar, comprender, y reflejar, todo lo que el cliente comenta. Todos nos sentimos bien cuando somos comprendidos y validados.

 

  • Que se palpe un ambiente de afecto, pero con la suficiente distancia profesional para que no se entremezcle lo personal. Al fin y al cabo, la parte personal del terapeuta es algo que no es relevante en la sesión. Aunque a veces, puede estar justificado y puede dotar al psicólogo de un cariz más humano.

Todas estas cuestiones son beneficiosas tanto para una parte, como para la otra. Y suelen permitir que la reación terapéutica sea fructífera.

Para qué sirve la alianza terapéutica

Esto es lo más importante de todo, y el objetivo principal por el que quería explicarte lo que es la alianza terapéutica. Y es que todos los estudios coinciden. El factor más impoortante en el éxito de la terapia es (adivina) la alianza terapéutica.

Más importante que la corriente psicológica, es la relación que se produce entre el cliente y su psicoterapeuta.

Por eso es importante que, si vas a iniciar una terapia, tengas en cuenta estas cuestiones. Es importante elegir el profesional que mejor se ajuste a tus necesidades y características.

Del mismo modo, se recomienda a los psicólogos y psicoterapéutas que, si por algún motivo, no logran desarrollar correctamente la relación con el cliente, deberían derivarlos a otros profesionales con los que puedan desarrollarse mejor.

 

Las distorsiones cognitivas de Beck

Aaron Beck es un psiquiatra y profesor estadounidense muy conocido en la psicología cognitiva. Su perspectiva sobre las los errores de interpretación de la realidad es un tema muy importante en la Psicoterapia. A estos errores en la percepción, los llamó “distorsiones cognitivas”.

La psicología cognitiva es la rama de esta disciplina que estudia los procesos mentales. Entre ellos, podemos encontrar la atención, la memoria, el pensamiento, el lenguaje, y otras funciones ejecutivas. Estos mecanismos se utilizan para el procesamiento y la organización de la realidad.

Las distorsiones cognitivas, como podrás imaginarte, son deformaciones del pensamiento que suelen provocar sufrimiento a quien las padece. Causan errores en la interpretación del mundo, y eso provoca sensaciones o respuestas ineficaces e inadecuadas. Un ejemplo de ello se cometa en esta publicación sobre el miedo en tiempo de crisis.

Estas distorsiones cognitivas de Beck no son ocurrencias reservadas a la población de enfermos mentales, sino que las padecemos todos en mayor o menor medida. El darse cuenta de estos errores de pensamiento puede ayudarnos con la relación que establecemos con el mundo que nos rodea. Lo que se traduce normalmente en una mayor sensación de bienestar.

Por eso se hace necesario detectar estas ideas irracionales, algo que será más sencillo cuanto más conozcamos acerca de las distorsiones cognitivas y los tipos más frecuentes.

Con su teoría sobre el pensamiento irracional, Beck realizó una categorización parecida a la de otros autores. Albert Ellis y su Terapia Racional Emotivo-Conductual (TREC) también explica los “pensamientos irracionales” o, lo que AaroBeck llamó, “distorsiones cognitivas”.

Las principales distorsiones cognitivas de Beck son las siguientes:

  • Abstracción selectiva: Consiste en seleccionar un único elemento de una situación, permitiendo que este aspecto contamine el resto de la interpretación. Puede ser una palabra, un comentario, un gesto, una imagen… Algo que provoque que percibamos la situación de forma condicionada.

 

  • Pensamiento polarizado: A veces caemos en el error de pensar que las cosas son 100% blancas o 100% negras. Esto es una solemne estupidez en una realidad llena de matices. Existen tantas realidades como mentes interpretantes haya, por lo que es imposible que el blanco o  negro absolutos existan. El pensamiento polarizado consiste en valorar los acontecimientos de forma extrema (polarizada), olvidándose de los aspectos intermedios que pueden coexistir. Por ejemplo: Tendemos a pensar que algo es bueno o malo, acertado o desacertado, beneficioso o perjudicial… y nos olvidamos de los grados intermedios.

 

  • Sobregeneralización: Consiste en sacar conclusiones generales a partir de un hecho que no es base suficiente. Por ejemplo: A raíz de una ruptura, generalizar hacia todas las relaciones de mi vida y pensar: “nunca encontraré el amor, moriré en soledad”.

 

  • Lectura de pensamiento: No hay que negarlo, el ser humano es un ser inteligente pero, a veces, nos creemos más listos de lo que somos. Y aunque nos cueste admitirlo, ¡aún no sabemos leer la mente! aunque a veces pensemos que sí. Todos hemos creído saber lo que otros piensan de nosotros, o sobre las cosas, o creemos que saben lo que nosotros pensamos o sentimos. Te diré un secreto: Por mucho que alguien crea que puede leer el pensamiento, es imposible que sepa lo que se le está pasando por la cabeza a los demás. Y no, tampoco deberíamos caer en la equivocación de pensar que los otros pueden imaginar nuestras necesidades y sentimientos. No cometamos el craso error de creer que es innecesario verbalizar nuestras necesidades.

 

  • Visión catastrofista: Es similar a la sobregeneralización, pero con un matiz de catastrofismo, como indica su nombre. Por ejemplo: Al recibir una calificación negativa en un examen, pensar: “si no he aprobado este examen, seguro quesuspendo la asignatura, y si no soy capaz de aprobar esta, seguro que suspendo las otras también, y no tendré dinero para pagar la matrícula otra vez, y tendré que dejar de estudiar, y todo el mundo se sentirá decepcionado conmigo…”. En resumen, ser catastrofista consiste en pensar que va a suceder siempre lo peor de lo peor y, evidentemente, esto genera mucha ansiedad.

 

  • Personalización: Consiste en la falsa creencia de pensar que las cosas suceden o que, lo que hacen los demás se produce, con la intención de afectarnos personalmente. Por ejemplo: En una reunión de amigos, alguien dice: “Claro, porque hay gente que es un poco susceptible” y, de ahí, interpretar que es un comentario totalmente dirigido a mi persona. No somos tan importantes como nos creemos la mayor parte de las veces, el mundo no está tan pendiente de nosotros como a algunos les gustaría.

 

  • Falacia de control: Existen dos opciones que se encuadran en esta distorsión de pensamiento:
    • El primero de ellos se relaciona con el locus de control interno” (locus es lugar). Consiste en creer que soy yo el que tiene el poder y la responsabilidad de controlar mi realidad. Es decir, el lugar del que creo que procede el control de lo que sucede, es mi interior. Por nuestra preciada mente privilegiada, pensamos que tenemos una herramienta tan potente como para manejar y controlarlo todo. Aunque, evidentemente, esto es imposible.
    • El segundo tipo, sin embargo, se relacionaría con el “locus de control externo”. Como te imaginarás consiste en pensar que, el control y la responsabilidad de todo lo que me pasa, depende totalmente de otros. Y por lo tanto, yo no puedo hacer nada para cambiar mi situación.

Ambos casos son distorsiones de la realidad y deben evitarse porque no es posible que existan completamente ni una ni la otra, la realidad se encontrará en uno de los infinitos grados intermedios. Pensar que puedes controlarlo todo puede provocar grandes frustraciones al descubrir que esto no es verdad. Mientras que, pensar que no controlas nada, puede llevar a senimientos de incompetencia, resentimiento y abandono de la lucha por intentar mejorar.

 

  • Razonamiento emocional: Se relaciona con la fusión cognitiva, consiste en pensar que lo que uno siente o piensa es total y necesariamente cierto. Es decir, consiste en convertir tus creencias y sentimientos en la más absoluta realidad. Es creer que tus penamientos son tan reales como para fundirte con ellos. Lo que hace que olvidemos una premisa básica: no somos nuestros pensamientos o sentimientos, sino que nosotros poseemos estos pensamientos y sentimientos. Nuestros pensamientos son contenidos de nuestra mente.

Debemos comprender que son como las nubes en el cielo, los pensamientos, sentimientos y otros eventos privados, siempre vienen y se van. Pueden permanecer más o menos tiempo y ser más o menos grises, pero siempre terminan yéndose de nuestra mente. Por eso, confundir estas nubes con el cielo es un grave error. Porque, confundir los contenidos de la mente con la realidad, es un grave error. Tenemos que entender que no es lo mismo decir “odio la vida”, que decir “tengo un pensamiento que dice que odio la vida, en este preciso instante”.

 

  • Globalizar: Consiste en etiquetar de forma generalista aspectos de nosotros mismos, de la vida, de los demás… Al hacer esto estamos simplificando mucho las cosas, perdemos detalles muy valiosos, lo que provoca errores de interpretación. Por ejemplo: Pensar que todos los inmigrantes son peligrosos, porque haya conocido algunos casos que me han llevado a generalizar esta afirmación a todo el colectivo de personas extranjeras, de forma errónea y exagerada.

 

Existen algunas distorsiones cognitivas más, tanto en la Teoría Cognitiva de Aaron Beck como en la Terapia de Albert Ellis y otros autores de la psicología cognitiva. Si te gustaría saber algo más sobre todo esto, ponlo en los comentarios!

Seguro que te has identificado con algunas de estas distorsiones cognitivas. No te preocupes, es normal, nadie nos ha dado un manual de instrucciones para gobernar (si se puede) esta mente con la que nacimos. (Aunque dentro de muy poco, podrás adquirir un “Minimanual de Vida” que explica esto, y muchas cosas más elaborado por mí, en la página “PsyShop“)

Darse cuenta de cómo funciona nuestro pensamiento es un factor clave para alcanzar un mayor bienestar psíquico. Si nos paramos a pensar en  todas estas interpretaciones erróneas y exageradas de la realidad, nos daremos cuenta de que tienen un matiz inflexible. Para ello, utilizan palabras como “nunca”, “siempre”, “todo”, “nada”, “yo sé”, etc., que, normalmente son inútiles en un mundo tan variable.

La flexibilidad de pensamiento es el factor más positivamente relacionado con la salud mental, mientras que la rigidez mental se relaciona intensamente con la enfermedad psíquica.

Entrenar nuestra flexibilidad mental debería ser una absoluta prioridad en nuestra búsqueda activa de bienestar y paz interior. Por ello, conocer cuáles son las distorsiones cognitivas que todos sufrimos, aquello que nos arrastra a la rigidez mental, es una buena forma de comenzar a trabajar.

 

Si quieres profundizar más en este tema, te recoiendo dos páginas:

Terapia Cognitiva de Aaron Beck

Tipos de distorsiones cognitivas

VIVIR con mayúsculas – ¿Dinero o felicidad?

Cómo perseguimos nuestros sueños

Vivimos en un mundo en el que el capital, el trabajo, y las responsabilidades, son grandes factores que controlan nuestra vida. Buscamos la felicidad, pero lo hacemos por medio de vías que nos llevan justo a lo contrario. Tenemos que aprender a VIVIR con mayúsculas.

Todo el mundo quiere tener una casa preciosa, a ser posible con jardín, en un buen barrio, y un buen coche, una tele grande, sin preocupaciones económicas. Para ello, dedicamos gran parte de nuestra vida trabajando. Pero, cuanto más trabajamos, aunque tengamos más dinero para comprar esas cosas que queremos, tenemos menos tiempo para disfrutarlas. Y la ansiedad aumenta con las responsabilidades.

Entonces, la persescución de nuestros “sueños” se vuelve agotadora e imposible de realizar.

El ser humano es un ser paradójico

La Psicología viene estudiando la psique desde hace muchos años ya. Pero lo único que tenemos claro es que, muchas veces, nos comportamos de un modo bastante incongruente.

No hace falta que te lo diga dos veces, ¿verdad?, seguro que tú también sabes de lo que hablo.

Podemos pensar en mil situaciones de la vida diaria que apoyen esta idea, como por ejemplo: que nuestra expareja se comporte como el perro del hortelano aunque no quiera volver a retomar la relación; cuando lo hacemos nosotros; cuando tenemos prisa por crecer pero luego queremos volver a ser niños; cuando nos llama más la atención alguien que no nos hace ni caso, y sin embargo pasamos de aquella persona que lo daría todo por nosotrsos; si no tenemos trabajo, sufrimos por aburrimiento e inseguridad económica; si tenemos trabajo, sufrimos por la ausencia de tiempo; etc.

Sí, sí, es que somos así… cada uno de “su padre y de su madre”, pero nos comportemos todos de un modo un poco estúpido (sin ánimo de ofender, pero casi siempre es cierto).

Parece que, por un lado, nuestro cerebro, nuestra alma, tiene una única meta: ser feliz, tener una vida plena. Nos hace creer que las decisiones que hemos tomado en la vida han sido correctas, que lo hemos hecho lo mejor que hemos podido, y que ser como somos está muy bien.

Pero por otro lado, parece que nuestro instinto nos impulsa a querer otras cosas, nos empuja a estar disconformes, a querer cambiar lo que tenemos o lo que somos.

Vivir así es complicado

Es una paradoja, porque cuando alguien se mete con nosotros, con nuestra familia, nuestros amigos, nuestro país, etc., saltamos a la defensiva! Porque nos parece que, todo eso que es nuestro, es mejor que todo aquello que no lo es.

Aunque, justo a la vez, en nuestro fuero interno, debatimos eternamente: “¿por qué mis padres no son tan buenos como lo parecen los de otras personas?”, “¿por qué mis hijos no son tan obedientes como los de otros?”, “¿por qué mi país carece de aquello que me encanta de otras partes del mundo?”, “¿por qué no me siento agusto con mi forma de ser o de actuar, mientras otros sí parecen estarlo?”…

Y es que parece como si tuviéramos la necesidad de quedar bien delante de otros aunque sabemos que, cuando nos encontramos solos ante el espejo, no podemos mentirnos. Y es ahí donde vemos aquello de lo que carecemos, aquello que desearíamos llegar a ser o tener.

Por qué actuamos así

La naturaleza humana se podría describir como un continuo entre “conformismo y cambio potencial”. La Psicología estudia este fenómeno desde hace mucho tiempo porque, al contrario de lo que te proponía al principio, en realidad es bastante lógico que seamos así.

Ambos polos buscan que la persona se sienta feliz, que aumente su bienestar y alcance una vida plena. Por un lado, el “conformismo”, ayuda a que nos auto-convenzamos de lo maravillosas que son nuestras vidas y nos sintamos felices. Mientras que el “cambio potencial” o inconformismo, nos empuja a “mover el culo” para cambiar todo aquello que no nos hace feliz (con perdón de la expresión).

Parece que todo humano posee esta característica grabada en su interior.  Y aunque la mayoría se suele apostar a un lado u otro del continuum, sólo aquellos que son capaces de vérselas consigo mismos, sin tapujos y sin mentiras, pueden cambiar aquello que de verdad desean cambiar. En lugar de seguir conformándose con lo que les es dado, sólo porque sea más cómodo y sencillo no hacer nada al respecto.

El camino hacia la autorrealización

Pensemos un poco más detenidamente por qué ambas características llevan a la felicidad: En el primer, “conformismo”, que viene a ser otra palabra para designar “engañar a uno mismo para no sentirse mal con aquello que tenemos”. Y no es malo! es sólo una estrategia para no seguir viviendo miserablemente.

Aunque puede que algunos veamos mejor la otra opción, de hecho es probablemente más recomendable a largo plazo. Me refiero al “cambio potencial”, llamemos así a la “habilidad de todo ser humano para autoanalizarse (a sí mismo, su vida, sus relaciones, sus posesiones, etc.); valorar (positiva o negativamente) con sinceridad el resultado de este análisis; y desarrollar herramientas de cambio para encontrarse a gusto con los resultados”. Evidentemente, esto es el camino hacia la autorrealización personal.

Parece que la segunda opción conlleva un mayor esfuerzo personal y, es bien sabido, que el humano medio es bastante vaguete.

Es difícil sentirse realizado en el mundo actual

Y sí, tienes razón, resulta que es muy fácil ser vago tras ocho horas de trabajo agotador, repetitivo y, muchas veces aburrido. Tras lo cual, llegamos a casa, y lo único que nos apetece es tirarnos en el sofá y dejar que la caja tonta nos derrita el cerebro. Corrijo, que nos lo derrita aún más que esas ocho horas de trabajo diarias, agotadoras, repetitivas y, muchas veces aburridas.

Claro está que cuando llegan esos benditos días de vacaciones sólo queremos descansar y no hacer nada que merezca un gran esfuerzo para nuestro cerebro derretido. Porque parece que si hacemos un intento más por ponerlo en funcionamiento, será la última vez que lo hagamos. Nuestra mente vive al límite todos los días, es lógico que no queramos utilizarla para nada más de lo necesario.

Y es por esto por lo que, tantas personas, sufren crisis de identidad y realización. Porque no tenemos tiempo ni ganas para dedicarnos más a nosotros mismos.

Por qué no alcanzamos el bienestar

También es esperable, por esa regla de tres, que prefiramos conformarnos, en vez de luchar por lo que queremos. Pero hay algunos que no soportan la hipocresía.  Aún hay personas que no permiten que los esclavicen ni los controlen, personas que se salen de la norma porque la norma les da igual. Porque sólo VIVEN, y ellos lo saben, para que su VIDA merezca la pena ser vivida. No viven con la intención de que otros se aprovechen de sus energías, ni permiten que les dejen seco el cerebro a cambio de casi nada. ¿O quizá sí? A cambio de dinero!

Dinero.

Que palabra tan importante…

Capaz de controlar a miles de millones; capaz de matar de hambre a otros tantos millones; capaz de comprar vidas, lealtades, guerras, naciones e ideales… Al fin y al cabo, capaz de mover el mundo.

Y sin embargo no es nada ¿De qué le sirve a nuestra alma el dinero si lo único que busca es la felicidad? Lo que, da la casualidad, es una de las pocas cosas que no se pueden comprar.

Comenzar a VIVIR con mayúsculas

Seguramente, si estás aquí y has seguido leyendo después de llamarte estúpido y vago, es porque estás de acuerdo conmigo o, al menos, me entiendes. Entonces, no hará falta que te intente convencer de que el dinero es el cáncer de nuestro mundo, y todos estamos enfermos.

Quizá habría que extirparlo de nuestras vidas para poder ser libres (al menos en la medida de lo posible). Al fin y al cabo el dinero es como una droga, y eso sólo puede producir dependecia. Pero si pudiéramos dejar de preocuparnos tanto por aquello que es sólo material, estaríamos más cerca de la libertad.

Y quizá siendo libres tendríamos fuerzas y ganas de reconstruirnos, de modelar nuestras vidas a placer, de dejar de conformarnos con un techo bajo el que subsistir, un frigorífico que llenar y unas facturas que pagar. Para empezar a preocuparnos simplemente por una VIDA PLENA. Pues todos sabemos que VIVIR con mayúsculas es muy distinto a existir, que es lo que solemos hacer todos los días de nuestras vidas.

¿Qué es la VIDA con mayúsculas?

Esa pregunta lleva intentando ser contestada desde el principio de los tiempos, y pocos han sabido qué responder. Bueno, está claro que para VIVIR hay que existir, pero eso es solo una nimia parte del concepto que nos ocupa.

Desde mi punto de vista, a partir de mis conocimientos en Psicología, y desde mi experiencia personal, podría decir que: para tener una VIDA PLENA hay que existir, pero con dignidad, con orgullo, con ganas de seguir existiendo, con libertad para poder decidir cómo seguir haciéndolo, con la posibilidad de conocer y autorrealizarse, con la opción de ir allá donde nos lleven los pies, con la capacidad de ser como queramos ser, de amar a quien queramos amar, de creer lo que queramos creer y de pensar en lo que queramos pensar.

VIVIR consiste no sólo en llenar el estómago, sino en satisfacer además el alma (aquello que los psicólogos llamamos “mente”) y al corazón. Porque solo así dejaremos de tener tanta hambre!

Solo así podremos conformarnos, pero porque de verdad queramos y sin tener que volver a engañarnos.

Y con todo esto, aparte de querer despertar un poco ese cerebro que te están derritiendo y apelar a tu conciencia crítica, lo único que quería llegar a decirte es que, si quieres alcanzar la felicidad, el dinero no es la respuesta. Puede ser incluso parte del problema.

En resumen…

Quizá sea más fácil alcanzar una vida plena si comienzas a disfrutar de tus días, saborear cada experiencia, amar con locura, vivir como mereces; hacerlo todo como si no hubiera un mañana y el momento PRESENTE fuera el mejor regalo que jamás te hayan hecho (aunque sepas que sí hay un mañana y no te permitas despegarte tanto de la realidad, claro! ¿Pero lo pillas no?).

Que para alcanzar la felicidad, el camino más corto y más recomendable es que dejes de conformarte, que te dediques más tiempo a tí mismo y comiences a disfrutar de cada segundo que pasa como si nunca se fuera a repetir (algo que, de hecho, es así).

Aprender a valorar el momento presente es un facto básico para nuestra salud emocional. Mindfulness es una muy buena técnica para conectar con el presente, si quieres saber más sobre ello, pincha aquí.

Porque la vida no es más que eso: una sucesión de segundos que se nos escapa entre los dedos. ¿Vas a seguir perdiendo el tiempo?

 


Imagen de la entrada: Diseñado por Freepik

 

PsyOn Wheel

Continuando con el primer punto (“Un Manual para la Vida”) de la Presentación, podemos decir que este portal se va a centrar en el desarrollo de las áreas humanas que te explico más adelante. Éstas pertenecen a la que hemos bautizado como “PsyOn Wheel” o, lo que popularmente se ha conocido como “la rueda de la vida”. Y son estas áreas las que, al encontrarse en equilibrio, nos pueden reportar una gran sensación de auto-competencia y plenitud:

La técnica de desarrollo personal “la rueda de la vida” se ha desarrollado y completado a partir de otras teorías más conocidas, como la de Maslow (Pirámide de Maslow). Esta última se basa en que nuestra vida se sustenta sobre los pilares de una pirámide cuyos escalones son niveles motivacionales. Estos van desde lo más básico (necesidades fisiológicas, necesidades de seguridad o necesidades sociales) hasta lo complejo (necesidades de logro y reconocimiento o necesidades de autorrealización).

Sigue leyendo “PsyOn Wheel”

Mindfulness (I) – Introducción al Mindfulness

Antes de comenzar con esta entrada me gustaría que reflexionáramos juntxs sobre algunas ideas que se me vienen a la mente…

Por ejemplo: ¿no te parece muy evidente que la gente vive de un modo tan automático como acromático?

De hecho, ¿no nos pasa muchas veces que nos damos cuenta de lo vacía de sentido y significado que parece estar nuestra vida?, ¿no deberíamos hacer algo al respecto y comenzar a disfrutar de vivir? Sigue leyendo “Mindfulness (I) – Introducción al Mindfulness”

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